
“No es necesario estar, pero aquí estamos; no hace falta morir para estar
muerto; no hace falta hablar para expresar la nada, no se sabe callar lo que
pasa, y uno insensato, se produce frente al estupidizante mare mágnum”
José Ruiz Rosas – Poema XXII
Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es que
esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto, que estoy menos
comprometido con el resto; yo que no veo más que las nubes y puedo pensar sin
distraerme, escribir sin distraerme (…) cerré los ojos y no quise mirar más y me
tape la cara y rompí a llorar como un idiota.
Julio Cortazar – Las Babas del Diablo (Fragmento)
No quiero aceptar el vestido por el que casi todos reconocen a las palabras. He comenzado a verlas desnudas, bailando empapadas en la pileta de Poseidón en la plaza España, tomando sangre de toro o vino de Creta, (que es la misma cosa con diferente nombre) en los puestos del mercado San Camilo, colgadas de su techo, por las calles, saltando desde el puente Bolognesi, tocando las campanas de la catedral y volando desparramadas en el cielo, libres, vírgenes, para que yo las vista y las vuelva a desnudar para mi vicio, para mi placer, para mi perdición.
Cuando comencé a teclear me vinieron ganas de morir, mejor dicho, de ser un muerto (que no es lo mismo) Charly o Nito se equivocaron en Confesiones de Invierno (No sé quien de los dos la compuso) al menos para mi. “Solamente muero los domingos y los lunes ya me siento bien” En verdad la gente muere los lunes, resucita los viernes y sube al cielo en las noches de sábado. Faltan pocas horas para el día de los muertos vivos y en verdad yo quiero quedarme sentado en mi ataúd, amarrado a mi amado teclado desconectado. Esto es Jordan Martín fantasma en una noche de… adolescencia (a falta de un mejor nombre):
Sale de la ducha, se rasura tres pelos quinceañeros y se hecha la loción de su padre. Falta una hora. El pantalón, los zapatos, la camisa negra y la corbata rosada (moda muy gastada) el saco, una firma y una marca cara se dejan notar mientras se lo pone. Se mira al espejo, posa, seguramente hay un camarógrafo escondido tras la puerta del ropero y él posa una vez más, porque quiere que la foto salga bien. Saca su billetera marina (porque tiene dos filas de olas grabadas) cuenta tres billetes (no alcanzo a ver de cuanto son). Sonríe. La luz de los fluorescentes lo hace verse mas blanco de lo que es, pareciese que el fantasma es él. Se arregla (desarregla) el peinado baja las gradas y grita: “Ma, ya estoy saliendo, el taxi está afuera”.
Vibra, lo saca del bolsillo y oprime el verde. Habla loco que haces, sí, sí, estaré por allí dentro de media hora. Voy a recoger a mi flaca. Vaos a ser damitos.
Los potentes reflectores del local iluminan el cielo negro de la ciudad blanca, la avenida central, un tico, tres personas. Se abre la puerta trasera, un tacón, luego aparece ella, le sigue el de la corbata gastada. Mientras caminan hacia la puerta juegan espontáneamente con sus manos, se entrecruzan los dedos y recortando ese pedazo del cuadro, parecen dos pulpos apareándose. Los moluscos se separan, el encuadre vuelve al tamaño normal. Cada uno tiene un pedacito de cartulina celeste en la mano (hace juego con su vestido)
Pasan, recorren el camino con antorchas a los costados, el esplendor del local no los sorprende, caminan de la mano, saludan a sus amigos. Cuando están dentro se separan. El busca a sus camaradas, entonces parecen pertenecer a una misma organización, corbatasrosadas.inc Forman un círculo, se comienza a sentir el olor a tabaco quemado, pero unos paquetes se siguen distribuyendo, de forma disimulada, entre sus manos. Un grupo de ellos va al baño, se acomodan (desacomodan) los cabellos y los aseguran con gel, mientras el se mete a los inodoros. Lo abre cuidadosamente y lo aspiran hasta el último, con la tapa cerrada, se sienta, comienza a sentir los efectos, la noche es suya, se invade de una euforia indescriptible, su corbata cambia de colores, abre la puerta de una patada y sale a la pista de baile, se deja llevar por golpes de música, mueve la cabeza, me quita el lugar y es el quien comienza a penar y volar como arrastrándose por el lugar, ha perdido la cuenta, ha asistido a centenas de fiestas de 15 años, lo ha comenzado a hacer sin sentido, solo para poder consumirla una noche a la semana, sin que sus padres lo vean. Se vuelve a ver dentro del grupo de los pinknecktiers. Uno de ellos ha traido dos botellas de Cartavio dentro del saco. Se acercan al buffet, todos cogen un vaso de gaseosa, en segundos, parece que Cristo les hubiera tocado los recipientes, pero no son las bodas de Caná, la Coca Cola se convirtió en ron. El sale a las 3 de la tarde del colegio, y parece ser su número favorito, pues también sale de las fiestas a las 3 de la madrugada, para dormir 3 horas, pues le toca acompañar a su madre a realizar las compras.
- rrriiiing..
- pta mare (coge el despertador y lo tira al piso)
- rrriiiing..
- ¡Ya! Aparato de miércoles, estoy por pararme (saca un brazo de la cama y levanta el reloj, oprime un botón y la alarma deja de sonar)
Siente náuseas y va al baño, cuando sale, se mira al espejo. Ya no es el mismo modelo de hace poco, mira su corbata rosada tirada en el suelo, mientras se ve así mismo apenas de pie y en calzoncillos. Se ve frente a ese espejo que ayer le dijo cosas para volar, para tocar el cielo con un quete de cocaína y hoy lo hace verse en la verdadera tierra. Resucitó el viernes, subió al mismo falso cielo de sus camarádas, un sábado por la noche, pero en este domingo siente el olor mundano de su propio vómito en la comisura de los labios, subió y se cayó. Un acto que repite todos los fines de semana. El no lo sabe, lo terrible es que no lo sabe, pero algún día no caerá en su cama, si no en algún lugar del infierno. del terreo infierno
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